“No hace mucho, conocí a Maneli. Fue en Portugal, en una taberna de
Campo mayorentre vino verde y queso de cabra. Maneli, el viejo contrabandista
que bebió con nosotros hasta que le salieron los recuerdos del alma, me contó
la historia, una historia que hablaba de España y Portugal, de fado y guerras,
de oscuridad y tristes bombillas en aldeas solitarias, de aguas del Guadiana
teñidas por el café...de un hombre, de un ángel, de alguien que recobró su
identidad cuando la libertad llegó su casa a través de un televisor y una
Revolución de Claveles y sonrisas.
Estaba obligado a contarla para demostrarme cómo la libertad rompe silencios
y crea hombres y mujeres con voces y rostros.”
Miguel Murillo